La emprendedora colombiana Celia Mosquera consigue rehacer su vida con un negocio que recupera sus raíces y cultura indígena

Para la emprendedora colombiana Celia Mosquera su negocio de cosmética natural es mucho más que una forma de ganarse la vida: le ha permitido salir adelante tras el desplazamiento forzoso que tuvo que hacer junto a su familia.

Su barrio era de viviendas humildes, construidas en el agua, sobre pilotes, donde reside principalmente población desplazada. Actualmente vive en el municipio de Tumaco, en un sitio más seguro y tranquilo, en una zona turística y con más oportunidades para trabajar, en la costa del pacífico nariñense.

Un negocio de tradición indígena

La madre de Celia es indígena de la etnia Awá, que en lengua Awapit significa gente de la montaña. Es un pueblo amerindio que vive en pequeñas aldeas en la selva. Celia y su madre vieron una oportunidad de negocio en rescatar las recetas y fórmulas ancestrales y los sobanderos (masajes terapéuticos con fines curativos) herencia cultural exclusiva de la comunidad afro, a la que pertenece el padre de Celia.

Empropaz me enseñó a caminar y Bancamía me enseñó a saltar

Así crearon Altamisa tradicional, un emprendimiento de cosmética ancestral. Preparados con plantas medicinales y frutas que se dan en la región, algunas cultivadas por ellas y otras compradas a mujeres de las veredas. Elaboran pomadas, aceites de árnica y otras hierbas que relajan los músculos y calman el dolor. Los productos más demandados son la línea de chocolate 100% orgánico y el tratamiento para afecciones de la piel, como dermatitis. Sus champús, mantequillas capilares, jabones, tónicos y aceites corporales se personalizan a gusto del cliente.

productos cosméticos naturales

Celia elabora productos cosméticos naturales con recetas indígenas

Celia forma parte del programa Emprendimientos Productivos para la Paz (EMPROPAZ) de Bancamía, la entidad colombiana de la Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA). Gracias a este programa recibió un crédito semilla con el que adquirió embalajes, etiquetas y tarjetas de presentación para renovar la imagen de su marca. Además, ha comprado un horno deshidratador, una estufa industrial y un destilador de aceites naturales. «Empropaz me enseñó a caminar y Bancamía me enseñó a saltar», explica. 

Asegura que va a seguir creciendo como emprendedora. Quiere dar empleo a mujeres cabeza de hogar de Tumaco, que le ayuden para que ella pueda dedicarse a tareas más estratégicas del negocio, ya que ahora se encarga de gestionar proveedores, preparar los productos, administrar las redes sociales y gestionar la contabilidad.

Además está terminando su licenciatura en Etnoeducación y Desarrollo Comunitario, de ahí la idea de su emprendimiento. No quiere olvidar quién es y de dónde viene. Por eso ha creado un proyecto social para ayudar a su comunidad: Altamisa para la Paz, con el que enseña a los niños de la zona las propiedades curativas de las plantas.

Siempre se recuerda a sí misma su lema personal y el de su emprendimiento: «Tus metas te llevan tan alto como tus sueños», y así lo vive diariamente porque a pesar de los retos y momentos difíciles, su negocio sigue creciendo.

 

Cristina González del Pino. Comunicación FMBBVA

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