Psicóloga y ganadera. La historia de Elba María es un ejemplo de tesón y amor por el campo

“Fuerte, independiente… capaz de lograr todo lo que me proponga”. Así se describe Elba María Matías Soriano. Y no es para menos. Esta dominicana de Monte Plata se propuso terminar la carrera de Psicología y ahora trabaja en el Liceo El Bosque, un colegio de su comunidad. “Necesitamos una sociedad diferente”, afirma, convencida de su labor, “y para eso hay que educar”.

Además de su trabajo como psicóloga escolar ha aceptado el reto de encargarse del negocio familiar de cría de vacas y actualmente tiene 30 cabezas de ganado en su finca. “La ganadería es mi pasión”, dice esta joven dominicana.

Elba María es psicóloga escolar en el Liceo El Bosque, un colegio de su comunidad

Lejos de narrar un cuento similar al  de la lechera, que suele referirse a alguien que imagina algo imposible, pero no lo lleva adelante, Elba María comparte su experiencia sobre cómo soñar bonito se hace realidad cuando se combina con la perseverancia. Una mujer luchadora que disfruta con el trabajo en el campo, un sector habitualmente destinado a los hombres.

Elba María comparte su experiencia sobre cómo soñar bonito se hace realidad cuando se combina con la perseverancia.

Como cualquier otro emprendimiento, el comienzo fue un desafío. Para la actividad ganadera se necesita mucho conocimiento previo y terreno de calidad para el cuidado óptimo de los animales.

Conocimientos no le faltan porque, desde muy pequeña, ya acompañaba a su padre para cuidar de la primera vaca que este compró para criar. Los años de experiencia, junto a su pasión por el oficio, le han dado las herramientas con las que cuenta ahora para desenvolverse en el sector. De tal forma que, aunque tiene el apoyo de un empleado, ella misma es la que se encarga de todo el proceso de crianza y cuidado de los animales. Sobre todo, Elba hace el meticuloso seguimiento desde la gestación hasta el nacimiento de los terneros.

En cuanto a la tierra, encontrar un terreno de calidad en su provincia no es tan difícil como el hecho de adquirir uno. En República Dominicana, todavía existen barreras al apoyo financiero para que mujeres como Elba María puedan llevar a cabo sus proyectos; son consideradas cabeza de familia y tradicionalmente vistas como ‘segmento de riesgo’.

Por eso, reconoce el valioso papel de Banco Adopem, entidad dominicana de la Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA), en su vida empresarial. Gracias a sus servicios financieros y no financieros, que prestan especial atención a la mujer, la falta de garantías de las emprendedoras rurales ya no es un obstáculo para desarrollar sus negocios. Además, no solo acceden a créditos, también reciben educación financiera, cursos de emprendimiento y asistencia técnica.

Elba María cuidando de su ganado

Al igual que la mayoría de emprendedores, tuvo problemas con la llegada de la pandemia: perdió al contratista que le compraba la leche, que usaba para hacer queso. En esa época, la venta de queso disminuyó mucho y tardó un mes en encontrar un sustituto. Durante ese tiempo, regaló leche a los vecinos para no echarla a perder. Pero su instinto emprendedor le dio otras buenas ideas, como la de dejar que los terneros más grandes tomaran leche y la de fabricar dulce de leche para vender a los colmados.

A día de hoy, Elba María sueña con ampliar su finca para aumentar su capacidad y cuidar hasta 50 cabezas de ganado. Así podrá tener más machos para subir la producción de carne y adquirir un vehículo para transportar la comida. También se plantea hacer mejoras en las instalaciones actuales como los comederos y bebederos, adaptándolos para hacer el trabajo más cómodo.

Y es que un sueño cumplido no hace más que crear espacio para sembrar otro. Así que, en el caso de nuestra lechera dominicana, este cuento de emprendimiento aún no se ha acabado…porque para ella “el límite se lo pone uno. La mujer tiene la capacidad de lograr todo lo que se propone. Todo es cuestión de voluntad y esfuerzo”.

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