“Nunca volveré a robar”: la historia de Magdalena y su nueva vida como emprendedora

Según datos oficiales, en Chile el 90% de las mujeres que delinquen están en condición de pobreza y el 65% ha sido víctima de algún tipo de vulneración que las ha estigmatizado y obligado a apostar por la supervivencia de ellas y de sus dependientes.

 

Magdalena Duque, es el nombre ficticio de la que hasta hace unos meses era una de esas miles de mujeres encarceladas; 48 años, madre de 5 hijos y ex miembro de una banda femenina que se dedicaba a robar en supermercados. Ha estado tres años en la cárcel con su hija que también cumple una condena de cinco años por robar.

Magdalena es la primera beneficiaria del convenio entre Fundación Mujer Levántate y Fondo Esperanza, la entidad chilena de la Fundación Microfinanzas BBVA. Este acuerdo busca respaldar a mujeres que salen de prisión, impulsándolas a generar ingresos propios mediante el emprendimiento.

Gracias al primer microcrédito recibido, Magdalena pudo poner en marcha su negocio desde casa. Cada día prepara productos frescos, pan, que vende a sus vecinos, generando ingresos que le permiten planificar un futuro distinto. Además, cumple puntualmente con el pago de las cuotas, lo que refuerza su compromiso y le abre la puerta a un segundo crédito destinado a la compra de un horno industrial, con el que busca ampliar su oferta y llegar a más clientes.

Para Yaritza Lemu, asesora de Fondo Esperanza, el caso de Magdalena es un ejemplo claro de cómo brindar acceso a microcréditos y acompañamiento puede marcar la diferencia: “Historias como la de ella nos muestran que dar una oportunidad real a mujeres en proceso de reinserción social no solo transforma sus vidas, también fortalece a sus familias y comunidades”.

Su esfuerzo y constancia han sido acompañados de cerca por la terapeuta ocupacional Francisca Hernández, del programa Caminemos de la Fundación Mujer Levántate, que apoya a mujeres privadas de libertad y a sus familias. “Estamos muy felices con los avances de Magdalena; ha demostrado responsabilidad y muchas ganas de salir adelante”, señala.

Sobre el resto de beneficiarias del programa, Francisca agrega: “Lo más valioso es la motivación intrínseca de las participantes por el cambio y el desistimiento delictivo, que si bien muchas de ellas regresan al mismo lugar donde las detuvieron o existe actividad delictual, otras deciden hacer un cambio y no volver a cometer delitos mediante sus propias herramientas y habilidades como es montar un emprendimiento”.

Magdalena sigue visitando a su hija cada domingo en el centro penitenciario, de quien se siente muy orgullosa porque cursó un preuniversitario el año pasado y actualmente estudia odontología en la sección educativa del penal. Emocionada, Magdalena cuenta que su hija obtuvo una beca para continuar su carrera en una universidad cuando termine de cumplir su sentencia porque quiere ser dentista. Hoy, a pesar de haber pasado por momentos difíciles, Magdalena mantiene una promesa firme: “Nunca volveré a robar”.