Sembrar fresas para cultivar un futuro

En la lengua de los indígenas mapuches, Rucapangue significa “guarida de pumas”. Con este nombre se conoce a la comuna rural chilena ubicada en Chol Chol, donde vive la agricultora María Leviman.

Aunque se crió en el campo y siempre le ha gustado vivir allí, nunca pensó que su vida fuera a depender económicamente de un cultivo. Recibió en herencia un terreno de dos hectáreas en la región de la Araucanía, a más de 700 km de la capital de Chile, en medio de esta comunidad indígena. Se instaló allí y comenzó a cultivar hortalizas.

“Para un campesino no es sencillo encontrar el capital para que el negocio prospere y que la cosecha vaya bien”, explica María.

Con la experiencia adquirida decidió cultivar frutillas, la variedad de fresa típica de Chile, resultado del cruce de una fresa autóctona con otra europea. Buscó asesoría técnica de diversos organismos nacionales, y con los consejos aprendidos se inició en la plantación, riego, cosecha y venta. Tiene dos huertos, de 5.000 y 10.000 plantas, donde también sigue cultivando hortalizas.

La vida en el campo no es fácil y cuando no se tienen recursos se complica aún más. “Para un campesino no es sencillo encontrar el capital para que el negocio prospere y que la cosecha vaya bien”, explica María.

María cultiva frutillas, las fresas típicas chilenas

Conoció a Emprende Microfinanzas, entidad chilena de la Fundación Microfinanzas BBVA, porque unos vecinos, que como ella cultivaban hortalizas, le dijeron que apoyaba con financiación y capacitación a agricultores que querían salir adelante gracias a sus huertos. Los préstamos recibidos le han permitido incrementar la producción, comprar materiales para el invernadero e instalar un sistema de riego.

“Es lindo lo que hago. Me levanto todos los días y veo el huerto y las frutas maduras”. María planta, cuida y recoge las fresas. Gracias a su camioneta puede venderlas en la Feria de Pinto.

Invita a las mujeres a trabajar, a salir adelante por ellas mismas, a ser dueñas de su futuro. Sabe que los sueños no se cumplen fácilmente, hay que trabajarlos con paciencia, igual que los surcos de las frutillas.

Cristina González del Pino, Comunicación de la FMBBVA

HISTORIAS DE VIDA