Más que un restaurante, una herencia para las generaciones futuras

Los comensales que visitan el restaurante Doña Julia lo hacen atraídos por la buena fama de la comida de este local, ubicado en el pueblo panameño de Monagrillo. Los más de 35 años de experiencia entre fogones que tiene su dueña, Julia Margarita Sandóval, hacen que foráneos y turistas alaben el sancocho o las tortillas de maíz de su restaurante, platos típicos de la cocina panameña.

Julia Margarita aprendió de su madre sus primeras lecciones de cocina. Desde muy joven le ayudaba en los puestos de comida que instalaban en fiestas y jardines, preparaban los alimentos y atendían a los clientes, y juntas vendían de forma ambulante algunos de los productos.

Restaurante Doña Julia

Por eso no es de extrañar que decidiera seguir sus pasos y recorrer las ferias y fiestas patronales. Azuero, Chorrera, San Juan en Chitré… cualquier pueblo que le diera una oportunidad para vender sus ricos platos y obtener ingresos para mantener a su familia.

Firmemente decidida a que su progreso también fuera una oportunidad para sus vecinos, viajaba con unas 12 mujeres de su pueblo que le ayudaban en la preparación y venta de las comidas, logrando así que tuvieran ingresos y ayudaran a sus familias.

Ese pequeño crédito fue la inyección que mi negocio necesitaba cuando no tenía ni una taza

Hace unos 15 años, Julia Margarita alquiló un local para poner en marcha su restaurante. Lograrlo no fue fácil, pero contar con el apoyo de Microserfin, la entidad de la Fundación Microfinanzas BBVA en Panamá, le ayudó a convertir su sueño en realidad. “Ese pequeño crédito fue la inyección que mi negocio necesitaba cuando no tenía ni una taza”, recuerda.

El restaurante Doña Julia, le ha permitido tener estabilidad económica, asentarse en Monagrillo y dar trabajo a 20 personas de su comunidad, 18 de ellas mujeres. Ha dejado los fogones para encargarse de la administración del negocio, que crece cada día.

Los diez créditos que ha ido solicitando a la entidad han mejorado el restaurante y ha alquilado un local anexo para ampliarlo. Sin duda, su mayor orgullo es que con su esfuerzo ha sacado adelante a sus tres hijos y a sus siete nietos. “Mi máximo logro ha sido impulsar la vida académica de todos ellos. Mi nieto mayor se va a graduar en Banca y Finanzas”, explica orgullosa.

Sigue soñando con progresar y abrir otro restaurante en la región de Azuero que no solo sea un local donde se sirvan comidas, sino una herencia para dejarle a sus hijos. La mayor ya trabaja con ella, por lo que está asegurado que ese toque personal que Julia Margarita le da a los tamales seguirá para las próximas generaciones.

Cristina González del Pino, Comunicación de la FMBBVA

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