Los microseguros, un macro apoyo

La vida, la rutina y la actividad productiva se detuvieron para responder a la crisis ocasionada por el Fenómeno del Niño Costero (FENC). Un desastre natural que comenzó a finales de noviembre del año pasado y que se llevó a su paso la vida de 158 personas, provocando además, destrozos en infraestructuras, viviendas, comercios y otras pérdidas (cultivo, ganado, etc,…) valorados en miles de millones de euros.

Todos pusieron de su parte para ayudar en rescates, búsquedas de personas desaparecidas y realojamiento de los supervivientes. Sin embargo, tras el choque inicial, la sociedad peruana se encontró con una nueva realidad devastadora.

Desafortunadamente hubo muchas protagonistas de esta nueva realidad, como Karina Ferrer (Chimbote), María Broncano y Rosa Poma (ambas de Huarmey), microemprendedoras de Financiera Confianza (FC), la entidad de la Fundación Microfinanzas BBVA en Perú. De un día para otro, vieron cómo las inundaciones y el alud se llevaron sus negocios por delante. Ellas son de Áncash, uno de los departamentos más afectados por El Niño, donde se ha registrado un 60% de desempleo tras el suceso.

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Mientras, en Colombia, se vive una realidad paralela. A más de 2.000 km al norte de Áncash, se encuentra el distrito de Mocoa, en el Departamento de Putumayo. Allí los residentes siguen tratando de reconstruir sus vidas tras una fuerte avalancha que destrozó la ciudad en abril de este año y que fue portada de todos los telediarios mundiales. Las fuertes lluvias que provocaron desbordamientos de los ríos, inundaciones y flujos de lodo arrasaron todo a su paso, viviendas, puentes, árboles y vehículos. El 40% de la ciudad quedó destruida, dejando un total de 320 personas fallecidas y cientos de desaparecidos.

Aunque los esfuerzos para la reconstrucción empezaron en mayo, muchos de sus habitantes aún viven angustiados. Son conscientes de que aparte de las tareas de reconstrucción de las viviendas y reactivación de los servicios básicos (agua y luz), se enfrentan a otra problemática: la falta de trabajo de los supervivientes. Un asunto cuya solución depende de la reactivación económica. Un reto difícil, por el balance pesimista que ha dejado la tragedia, con prácticamente la totalidad de los pequeños empresarios de Mocoa afectados: el 41% de ellos se quedaron sin negocio (pérdida total), mientras que el 59% sufrieron pérdidas parciales.

 

Un ejemplo de ellos es la emprendedora Nancy Marcela Encarnación, clienta de Bancamía, la entidad de la Fundación en Colombia. La noche del desastre, se encontraba en la segunda planta del inmueble donde tiene su distribuidora de bebidas. Cuando se despertó, encontró todo cubierto de barro y toda la mercancía, valorada en más de 4,7 millones de pesos (algo más de 1.300 euros), perdida. Al igual que ella, Walter Vergara también ha tenido que empezar desde cero su negocio de servicio de publicidad por megáfono, tras haber perdido la bodega, todos sus equipos, además de vehículos. Por su parte, Alirio de Jesús vio cómo el agua destrozó todos los bienes de su almacén, los materiales de repuesto y reparación, y algunas motos de su taller, sin poder salvar nada.

El camino hacia la reconstrucción, largo pero con futuro

En Perú, se estima que los gastos de la reconstrucción, que equivalen al 4% del PIB nacional, ayudarán a impulsar el crecimiento del país, estimado en un 2,2% para 2017.  Mientras tanto en Colombia, se destinarán 330.000 millones de pesos (94,5 millones de euros) a la construcción de 1.200 viviendas nuevas, un hospital, un acueducto y una central eléctrica, entre otras infraestructuras. Así se espera regenerar empleos y restablecer vidas. No obstante, cabe recordar que los expertos coinciden que en todo proceso de reconstrucción, el mayor determinante para la consecución de las metas reside en la voluntad y en la capacidad de actuación de los supervivientes.

Una muestra de ello son sin duda Karina, María, Rosa, Walter, Nancy y Alirio, a quienes no les falta voluntad para salir adelante, como los demás damnificados. Ellos, al igual que otros microemprendedores atendidos por la FMBBVA, cuentan con una herramienta que les ha ayudado en estos momentos tan difíciles: un microseguro. Un producto financiero enfocado hacia las necesidades de personas vulnerables que llevan a cabo una actividad productiva como sustento de vida. Un instrumento que les ha permitido tener una mayor capacidad de reacción. Según los propios clientes, el microseguro que habían adquirido en su momento les facilitó levantarse de nuevo, empezando por darles la posibilidad de pagar sus deudas, y haciendo factible la adquisición de capital y otros materiales para la puesta en marcha de sus emprendimientos.

“Ese dinero lo invertí en pagar facturas porque después de la avalancha, durante unos 20 días, tuvimos que cerrar y no se vendía un peso, nadie llegaba, yo permanecí más de mes y medio fuera de aquí… por las epidemias y el miedo a las epidemias. Por eso, el dinero me sirvió para mitigar en cierta medida algunas deudas que yo tenía, algunas facturas”, comparte Alirio, añadiendo que la indemnización del seguro fue “una ayuda muy oportuna para mi negocio, para mi solvencia”.

Ante adversidades como el FENC o la tragedia de Mocoa, la inseguridad económica de las poblaciones vulnerables se manifiesta por el mayor efecto que un shock (inesperado) tiene sobre ellas. Es decir, a la carencia de recursos para protegerse ante estos imprevistos, se suma la falta de mecanismos de reacción.

Las soluciones de los gobiernos nacionales y locales, aun siendo necesarias, muchas veces no son suficientes, o no llegan lo bastante rápido para devolver las vidas de los damnificados. Por estas razones, la contratación de un microseguro se convierte en una opción viable y recomendable para poder afrontar este tipo de situaciones. Los microseguros permiten que ante una catástrofe, los supervivientes se sientan parte del proceso de reconstrucción, empoderados y dueños del nuevo futuro que quieren trazar.