El arte de la artesanía sostenible, una manera diferente de progresar y cuidar del planeta

Es difícil olvidar la imagen de Diana Céspedes paseando por los bananos de Azua, en República Dominicana, junto a la Reina Letizia. Una visita que llenó portadas, ocupó minutos en los telediarios y se coló en los micrófonos de la radio. Diana dio visibilidad a la realidad de miles de mujeres que se dedican al cultivo del plátano y que consiguen cambiar las normas del trabajo en el campo, que demasiado a menudo favorecen más al hombre.

A 130 km de Azua, en Mao, Renata de los Ángeles Montesinos trabaja también con el guineo –como se llama en República Dominicana para contribuir a un sector que mantiene viva a una localidad de casi 80.000 personas.

Con los plátanos que no se consumen y los desperdicios que generan, Renata hace artesanía para mejorar la vida de su familia y la salud del planeta. Antes de empezar su negocio, aprendió a producir bisutería con fibra de banano y más tarde, todo lo necesario para crear una marca. Después de mucho esfuerzo y trabajo, “RAMY artesanías” (por las iniciales de su nombre) es su sueño hecho realidad.

El taller nació hace ocho años y con el apoyo de Banco Adopem, la entidad de la Fundación Microfinanzas BBVA, ha conseguido sacarlo adelante. Al principio, todo el trabajo era manual pero con el tiempo y pequeños préstamos, ha incorporado máquinas y otras herramientas que han agilizado el proceso de creación.

Ella vio en los desechos orgánicos lo que nadie ve: un arte. Sus creaciones llaman la atención de todo el que pasa por su taller y la artesanía que elabora es tan delicada que la fibra de banano es imperceptible para los clientes, que se acercan hasta su taller para poner su granito de arena en el progreso de la familia de Renata y también, quizás sin saberlo, en el cuidado del medio ambiente.

Renata, emprendedora dominicana de la Fundación, en su taller en Mao Varios productos que elabora la emprendedora Bisutería Cartera hecha de fibra de banano Un cuadro artesano y ecológico
Renata, emprendedora dominicana de la Fundación, en su taller en Mao

No sólo elabora bisutería, también hace cuadros, accesorios y decoración, entre otros productos. Una labor diaria que le hace sentirse orgullosa de todo lo que ha conseguido levantar desde cero y que le anima a aspirar a más. Al futuro, le pide montar una galería de arte y poder ampliar su taller. Pero no va a dejar nada al azar: con su determinación y esfuerzo, no parará hasta convertir este proyecto en una realidad.

Renata, como Diana y otras miles de mujeres en República Dominicana, es el reflejo de lo que se puede conseguir con el apoyo adecuado. Sus logros son la razón por la que otras mujeres se animan a emprender y los ochos años que lleva su taller funcionando, una inspiración para impulsar junto a ella un cambio tan necesario.

HISTORIAS DE VIDA