Emprendedora indígena empieza una nueva vida lejos de la violencia

Mantener las tradiciones y ritos que caracterizan a las culturas indígenas no es sencillo viviendo en entornos de violencia y pobreza. Ninfa Herrera es todo un ejemplo de superación y coraje. Descendiente del pueblo Murui Muina, sigue cocinando con las recetas amazónicas que le enseñaron sus abuelos. Comer en su restaurante es toda una experiencia.

“Mi cultura está en vías de extinción. Decidí crear un lugar que fuera más allá de comer pescado o tomarse un jugo. Quería un sitio para hablar de la cultura, saber quiénes somos y qué le aportamos al mundo. Nuestra comida nativa es natural, sin químicos. Hay una historia detrás de cada ingrediente. Contamos por qué consumimos la yuca brava, qué nos aporta el pescado… Eso no se encuentra en otro lado y es lo que he querido mostrar”, explica esta emprendedora.

Pescados asados en leña, semillas nativas, frutas exóticas y derivados de la yuca brava son los platos estrella de su restaurante, situado en el municipio colombiano de Florencia, en Caquetá. Decidí mostrar nuestra gastronomía porque vi que compañeras de mi pueblo comían a escondidas los platos de nuestra cultura indígena. Algo me toca cuando veo así. Por eso en el restaurante hacemos pedagogía de quiénes somos como pueblo. Rescatamos nuestras semillas nativas y le llevamos a la gente el valor de la nutrición, que es un tesoro”, continúa.

Ninfa cocina siguiendo la elaboración tradicional y la comida se sirve en hojas, sin cubiertos. Así evita el uso de plásticos u otros recursos que no sean naturales. Es toda una experiencia que los comensales valoran muy positivamente porque les traslada a una forma de vida y cultura muy especiales.

Ninfa cocina platos tradicionales de la amazonia colombiana

“Estamos tratando de recuperar, que no se pierda nuestra cultura indígena, nuestra comida, el pescado, el ají… queremos dar a conocer lo que somos, un pueblo indígena”, señala Valeria Medina, la hija de Ninfa y administradora del negocio. 

Por estos orígenes, Ninfa siempre ha estado cerca de las comunidades, asistiendo a los cabildos de la región para trabajar en su favor. De hecho, ha sido Gobernadora indígena. Hace seis años, visitó la zona de La Montañita en Caquetá, de donde sus padres también fueron desplazados en la década de los años 50; allí quiso conocer más sobre sus raíces, pero en los archivos de la Casa de Cultura se encontró con que los Uitotos eran considerados un pueblo que ‘existió’, pero no se evidenciaba su existencia actual.

Empropaz: una segunda oportunidad

Para Ninfa, su restaurante Espacio Cultural Ancestral y Gastronómico es mucho más que un negocio. Es una oportunidad con la que ha superado una doble barrera: la de ser indígena y, además, el desplazamiento forzoso.

La historia de su familia ha estado marcada por el desplazamiento forzoso. Sus padres también fueron desplazados en la década de los años 50 de la zona de La Montañita, en Caquetá. Más tarde, siendo Ninfa una niña, la guerra que azotó al país hizo que su familia tuviera que desplazarse hasta el municipio colombiano de Florencia para proteger sus vidas cuando sus hermanos fueron asesinados. Su familia llegó allí sin nada, pero llenos de esperanza por un futuro mejor.

Ella ha conseguido esa segunda oportunidad participando en el programa Emprendimientos Productivos para la Paz (Empropaz), que acompaña a microempresarios colombianos con formación y asesoramiento empresarial en temas relativos a la gestión de sus negocios.

Es una iniciativa liderada por Bancamía, entidad de la Fundación Microfinanzas BBVA, en alianza con la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) en Colombia, la Corporación Mundial de la Mujer Colombia y la Corporación Mundial de la Mujer Medellín.

Empropaz apoya actualmente a más de 4.000 emprendedores y microempresarios, el 74% mujeres, que viven en 76 municipios colombianos afectados por la violencia y la pobreza.

Inclusión social y económica de los pueblos indígenas

En Colombia viven más de 1.9 millones de personas reconocidas como población indígena, según el último censo del Departamento Administrativo Nacional de Estadística.

“Los pueblos indígenas merecen toda la atención porque son actores de primer orden en el desarrollo de los territorios en los que prestamos acompañamiento socio-empresarial. Con sus emprendimientos productivos aportan a la generación de recursos, la construcción de paz y la preservación de nuestro legado cultural colombiano”, afirma Miguel Ángel Charria Liévano, presidente ejecutivo de Bancamía.

Muchos microempresarios indígenas trabajan activamente para que sus culturas no se pierdan. Han visto en sus negocios una forma de mantener su cultura y tradiciones, más allá de una manera de ganarse la vida.

“Ayudamos a Ninfa a centralizar la venta de sus productos en un único lugar,  a llevar registros de la parte contable, y a aprovechar las redes sociales para comercializarlos. Ella ha liderado proyectos con las comunidades indígenas. Su restaurante es un rescate cultural”, detalla Jonathan Cendales, el asesor de Empropaz que atiende a Ninfa.

“Con los años me di cuenta de que a través de la gastronomía podía mostrar nuestra cultura ante el mundo como parte del legado que tiene la Amazonia, que es el pulmón del planeta y un tesoro de conocimiento”, señala Ninfa. En su caso cuenta con el apoyo de sus hijas, también orgullosas de su herencia indígena, que le ayudan en el negocio.  Valeria lo tiene muy claro: “La cocina de mi mamá sabe a amor, a leña… sabe delicioso. Son sabores ancestrales, como de la tierra”.

“Te vas de mi restaurante con algo de nuestra cultura, y eso es lo más importante para mí. Ser indígena es un orgullo. También generamos empresa. A veces no nos damos cuenta, pero nos genera también conocimiento“, concluye.

 

Cristina González del Pino, Comunicación FMBBVA

HISTORIAS DE VIDA